miércoles, 17 de diciembre de 2008

Retales...

Estoy cansado de buscar los retales que guardaste en el fondo del cajón. Me obliga siempre a meter la mano -justo cuando no estás mirando- y a buscar a tientas el ansiado trofeo, sin tener un ápice de certeza. Una lejana memoria encapsulada en un pequeño trozo de espejo, en el que siempre acabámos mirándonos a los ojos, de frente y corazón en mano. Pero qué más da.

Porque no te cansarás de perderte en los olivares de mis ojos, que necesitan tanto del azul mar del norte. La complicidad de una simbiosis que no puede fallar, como una semilla húmeda, invisible, escondida entre guijarros de tierra mojada. Pero qué más da.

Siempre podrás olvidarte de esos campos, en los que quizá habrías gustado estar, pero que prefieres abandonar y alejar siempre. Siempre buscando tierras más fértiles; sin pensar que cuando el agua inunda el seco siempre emergen las semillas que, sin duda, continuará trayendo el viento mecidas, volando. Siempre.

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